miércoles, 13 de octubre de 2010

CRÓNICA 6/10/2010

CRÓNICA 6/10/2010
Alumna: Silvina Suárez

La clase comienza, nuevamente, con silencios al preguntar Juan Pablo quien iba a cronicar. Eso dio el pie para hablar de las crónicas de la semana anterior entre las cuales, una de ellas fue realizada por una compañera que había sido elegida al azar y había expresado el enojo que eso le causó en la misma. Eso lleva a que aquellos compañeros que ya la habían ralizado comenten sobre su experiencia, cómo se habían implicado y lo satisfactorio que, en la mayoría de los casos, les había resultado.
Ante esto, a Vero le surgen dos preguntas:
- ¿por qué los que hablan son aquellos que ya la hicieron y no los que están cayados sin querer cronicar, pudiendo comentar por qué no quieren?, y;
- ¿Por qué siente que estamos, nuevamente, intentando vender lo bueno que estaría hacerla?
Una vez hechas esas preguntas, Melisa dice que a ella le paso que después de escuchar todos los comentarios, que fueron muy buenos, le dio ganas de hacerla, inclusive luego de haber estado hablando sobre su negativa a realizarla, antes de comenzar la clase.
A mi me paso lo mismo, yo era quien había hablado con Melisa sobre hacer la crónica, y ambas decíamos que hasta que no nos tocara por obligación, es decir, una vez que Juan Pablo recurriera a la lista y eligiera al azar, no la íbamos a hacer. En mi caso personal, lo que me sucedía era que estaba ocupada con diversos trabajos para la facu, más el laburo, no me daban los tiempos, estaba cansada y creía que el realizar la crónica me iba a llevar más tiempo. Sin embargo, al escuchar los comentarios, a mí también me dieron ganas y me ofrecí para hacerla.
Cuando empecé a escribir me paso que comencé a enojarme por haberme ofrecido, yo sabía que me cuesta retener lo que los demás compañeros dicen y eso mismo me estaba pasando, no podía recordar todo lo que se hablaba, y si hacia hincapié en las palabras, el sentido de la conversación se me perdía, por lo cual no podía seguir escribiendo. Intente relajarme y prestar atención sin importar perderme en los detalles.
Juan pregunta cómo nos fue haciendo los trabajos del parcial, y Nati le responde que en su caso (que es mi caso, dado que soy una de las integrantes de su grupo) lo hicimos tomando como eje los silencios, que nos había costado arrancar pero que después estuvo bueno.
Se produce silencio.
Lucas comenta que a su grupo le pareció una experiencia buenísima, que hasta tenían ganas de hacer una crónica de ello. Cuenta que hubo broncas, enojos, de todo.
Diego, que era otro de los integrantes del grupo de Lucas, también comenta lo buena que estuvo la experiencia, en la cual discutieron, y todo lo que surgió ahí estuvo bárbaro. Magdalena, tercer integrante cuenta que Lucas había enviado un mail diciendo que le chupaba un huevo el parcial, que lo importante era que disfrutaran de eso. En un momento, comenta Lucas, cayó la mamá de Ivana y eso también hizo que el grupo cambiara.
Lucas supuso que hoy se iba a hablar de la experiencia, de este laburo, y ellos (él y sus compañeros de grupo) creían que estaba bueno traerlo a la clase, contar lo que les había pasado y lo que habían sentido.
Juan dice que le llama la atención el hecho de que nos chupe un huevo el trabajo, cómo aprobar la materia, y que cuando Lucas trae conceptos, lo cagamos a pedo (esto se relaciona con un chiste que se le hizo en base a los conceptos de situación y acontecimiento que Lucas retomaba en las sucesivas clases en busca de una explicación de los mismos). Esto le llama la atención.
Diego le contesta que a él le sucedió que en la clase anterior se había quedado enojado cuando Juan Pablo nos dijo que parece que intentamos volver a lo disciplinario. Diego comento que esto lo enojo pero que también lo llevo a leer los textos.
A Juan le llama la atención el hecho de que nos manden a cronicar, nos den una guía para el parcial, nos manden a leer, nos lleva a nosotros, en tanto alumnos, a confrontar con la cátedra. Eso es raro, ¿no? Juan Pablo nos pregunta si acaso no estaremos desmintiendo esto que aparece tanto, que aparece como un mecanismo de defensa.
Romina le responde que, para ella, esto se remarca por la diferencia que tiene esta materia con las otras. Y recuerda que ella es la número 5, de la cual se refirieron anteriormente cuando se hablaba de la crónica de la clase pasada.
Llegan 4 compañeros, Juan Pablo nos pide que esperemos para seguir hasta que los chicos se acomoden.
Romina continua diciendo que cuando hacía la crónica puso tres veces que le molestaba el estar haciéndola y que lo hizo porque sintió que en esta materia se podía decir y que en otro lugar quizás no lo escribiría. Comenta que cuando escribió la crónica se la dio a leer a alguien ajeno a la cursada y que esta persona le dijo si no le parecía un poco fuerte la crónica con lo que estaba diciendo, pero que a ella no le pareció así. Ante este comentario Juan Pablo nos pregunta si a alguno de nosotros nos había parecido fuerte, algunos compañeros respondieron que no, otros que podía ser pero que estaba bueno. Rocío dice que le gusto, que ella la había denominado “Crónica Enojada”.
Juan Pablo comenta que a veces cree que aquellos que realizan la crónica sienten que tienen que estar cuidándose de no herir subjetividades. Le pregunta a Romina cómo estaba ahora, una vez que realizo su crónica, ella le contesto que bien.
Vero cuenta que se le vino a la cabeza, con respecto a lo que decía Romina de que acá, en este espacio, dice lo que en otro lado no hubiera dicho, que eso es como un registro. Juan Pablo acota que tomamos este espacio de la facultad como espacio en el que podemos decir que tal cosa nos hincha las pelotas. Le recuerda a Ulloa que habla del pasaje de “yo pienso” a “yo siento”.
A continuación Juan Pablo nos consulta si queremos leer alguna crónica.
Alexis comienza a leer la suya, mientras los demás escuchamos con atención, percibiendo pocos momentos de distracción.
Una compañera dice que le gusto la crónica de Alexis, y más porque era su compañero de grupo para el parcial (aclara que es un chiste), pero que de verdad estuvo bueno porque pudieron hablar de eso.
Mientras lee la crónica, justo comentaba una situación en la que una compañera que él llamo Rosa, había pedido que le contaran sobre la jornada pasada. Rosa, que no es Rosa, interrumpe la lectura de la crónica para aclarar que, en realidad, ella se llama Cecilia (risas). A Juan Pablo le llama la atención que haciendo tanto hincapié en recordar los nombres de los compañeros ya van sucediendo varios olvidos.
Cuando Alexis termino de leer la crónica, Rocío expresa que ella no quiso decir, como se encontraba escrito en la misma, que “tengamos” un buen grupo sino que “parecemos” que fuésemos un buen grupo.
Juan le dice a una compañera que estaba cebando mates que en un momento, mientras Alexis leía la crónica, ella se reía, ¿a qué se debía su risa? Ella le contesta que le causo gracia cuando Alexis leía “”…mi experiencia como psicólogo…”, y el que se haya puesto así le había gustado.
Juan comenta que otra idea que nosotros tenemos de los cronistas es el creer que, quizás, cuando hacemos algún gesto o decimos algo, esto se mal interprete, que pueda ser cambiado, y eso, para el narcisismo de algunos puede significar algo. El hecho de que te cambien la idea que tiraste te hacen sentir como que ya no te pertenece.
A mi personalmente no me sucede eso, si hablo o no depende del tema que se esté tratando y de cómo me encuentre de implicada en el mismo. Confieso que por la hora me suele costar engancharme, aunque a veces surgen temas interesantes.
A vero le surge una hipótesis, puede ser que esto que yo digo o alguien dice se va al medio, se lo doy al colectivo, o quizás, esto de los nombres y la importancia que le damos haga que no se vaya lo que decimos al medio, sino que quede acá.
Ulises cuenta que con su grupo hablaron sobre eso, comenta la experiencia de la jornada, en la que se pasaban la pelota como disparador, siempre que genere algo. Como lo que veíamos en la clase, la dicotomía entre los que hablan y los que no. Si se habla por hablar tampoco genera algo, se va al medio.
Vero agrega que se puede poner algo en el medio, pero que si nadie lo agarra, la dejan en bolas.
Para Juan no es lo mismo hablar por hablar o no decir nada, dice que para él a quienes hablan les sirve que haya unos 20 o 25 que se queden callados, y que a quienes se quedan callados les sirve que haya unos 20 o 25 que hablen, es como si hubiese un “pacto inconsciente”.
Nati comenta que para ella el silencio es necesario, dice haberse expresado mal, en realidad, las personas que quedan en silencio también son necesarias para que marquen al grupo. Ante esto Juan responde con un “no” rotundo.
Nati sigue hablando del trabajo que realizamos en nuestro grupo que, precisamente, trata de los silencios y cuenta que hablamos sobre distintos tipos de silencios, entre ellos está el silencio para reflexionar, ante lo dicho Juan acota que para él sería, más bien, un silencio amarrete. Muchos comparten con nosotras la idea del silencio reflexivo. Una compañera dice que ella hace eso, piensa, reflexiona, antes de hablar pavadas. También piensa que el silencio hace al grupo, todos pensamos de manera diferente.
Con respecto a esta idea de grupo, Juan nos pregunta, sé pregunta, ¿qué es un grupo, qué lo delimita, que importancia tiene la dimensión que le damos al grupo, y cómo estamos implicados?
Otra compañera también cuanta que le sucedió lo mismo mientras hacían el trabajo, dado que se habían puesto a debatir sobre qué era un grupo y si nosotros éramos o no un grupo, cuentan que una de ellas consideraba que no lo éramos, que en realidad sólo somos un conjunto de individualidades, otra creía que sí lo somos dado que un grupo es homogéneo y heterogéneo. Comentan que les costaba darse cuenta de esto y que no pudieron llegar a ninguna conclusión, creyeron que se iba a tocar este tema en la clase y que iba a ser mejor debatirlo en este espacio.
Creo que esta cuestión de si somos o no un grupo surgió en la mayoría de los trabajos, en mi caso, nos hicimos la misma pregunta.
Vero se entusiasma con saber que al menos algo de grupos de lo que se esta discutiendo va a quedar plasmado en las crónicas.
Diego expresa que él se había enojado con Ulises porque no entendía su molestia ante el silencio de los demás, pero que luego que leyó unos textos logro entenderlo. Hace referencia a un texto de Ulloa que le permitió entender el sentido de por qué Ulises necesita del otro. Ivana agrega, ante lo expuesto, que necesita del otro para que no caiga en el vacío, sino que pase la pelota.
A Nati esto le hace acordar a la experiencia, que se hizo en la jornada, de la ronda donde uno salía de su lugar, a veces encontraba rápido otro espacio donde ubicarse y otras veces no. Juan comenta que este ejercicio tiene que ver con el otro como alguien necesario.
Juan Pablo hace una pequeña referencia conceptual relacionada a la noción de implicación. Expresa que en este agrupamiento “implicación” se dice como sinónimo de compromiso, pero en realidad, el callarse puede estar dando cuenta de una sobre implicación y no de una no-implicación. Usamos o entendemos mal el término.
A Vero esto le hace acordar a cuando Ornela decía que se estaba peleando con ella misma por participar. Antes de la intervención que Juan Pablo hizo en ese momento se podía llegar a pensar que no estaba implicada.
Ornela comenta que se censuraba, en realidad, porque iban demasiado rápido, se saltaba de uno a otro y eso no le permitía participar.
Vero, otra compañera, dice que tomamos el silencio como una fachada de que no estamos expuestos, pero que en realidad, todos lo estamos, no sólo quienes hacen la crónica. Aunque estemos cayados la mirada del otro siempre está.
Otra compañera dice que para ella la clase está más buena si todos hablamos, es más rica, de lo contrario, los cronistas están haciendo nada.
Juan comenta algo que sucedió en la clase pasada, cuando él le dijo a Vero que se estaba haciendo la pelotuda, y esto causó que ella se vaya muy afectada de la clase. Muchos compañeros habían registrado esa situación y la aplicaron a sus respectivos trabajos para el parcial.
Esto le hace relacionar a Vero con el inicio de esta clase en que Juan reviso las primeras hojas de los trabajos que entregamos y se fijó en cuántos no aparecía Vero como profesora. Unas compañeras creen que eso puede ser porque Vero tampoco se considera profesora, no se ubica en ese lugar de supuesto saber. Para Juan Pablo, el hecho de que él cobre y este nombrado como profesor y Vero no, son detalles importantes para este posicionamiento.
Nati comenta que es verdad, nosotras tampoco pusimos a Vero como profesora, pero, sin embargo, sí le enviamos nuestro trabajo por mail. Lucas agrega a este comentario, en forma chistosa, que Vero seria una profesora virtual.
Vero se quedó enganchada con lo que Celeste dijo de sujeto supuesto saber, dice que antes de empezar con la cursada a ella le sucedía que también ponía a Juan Pablo en ese lugar. Juan acota que el hecho de que Vero lo ubique ahí, lo dejaba a él muy en pelotas.
Para Nati, Juan es el que sabe hacer disparar algo, no en cuanto a lo conceptual, sino en cuanto al grupo, sabe hacer circular algo.
Para Alexis, una cosa es el sujeto que sabe y otra el sujeto supuesto saber. Juan estaría ocupando el primero de estos lugares.
Rocío dice que Juan está todo el tiempo tratando de correrse de ese lugar de sujeto supuesto saber, a veces lo logra y a veces no. Dice que por algo ella también hablo sobre esto en la crónica, que no fue casualidad.
Una compañera expresa que para ella hay una reticencia nuestra a salir de ese lugar de alumnos, trayendo a colación la necesidad de Lucas de que el profesor le explicara los conceptos de situación y acontecimiento.
Vero comenta que le intriga saber qué pasó, qué condiciones se dieron que de repente sintió que estábamos haciendo una supervisión del equipo. Juan aclara que con equipo Vero se está refiriendo a ellos dos. Para él puede ser favorable traer acá algunos de sus fantasmas, posicionamientos. Juan cuenta que en la clase anterior ciertas operaciones se habían producido en él en un “entre” con algunos y que no podía pensarlo solo, le parecía mejor traerlo y pensarlo entre todos, ya que somos quienes habíamos participado de esa situación.
Rocío le pregunta qué se le había ocurrido que hagamos.
Juan comenta que al salir del práctico pasado se pudo resarcir de ciertos problemas que tiene de la docencia. Dice que a veces se siente muy cómodo coordinando el espacio pero luego se encuentra con su subjetividad docente la cual le hace reflexionar sobre el hecho de que no sabemos los conceptos. Le hace sentir que lo que hace consiste en una capacitación clínica, tiene miedo de estar haciendo un pacto inconsciente donde nosotros no queremos ser evaluados y él no quiere evaluar. Pero, sin embargo, lo va a hacer igual. Eso era lo que quería que pensemos en conjunto.
Para Diego lo que acá aprende es el saber clínico, al texto lo lee cuando quiere, es decir, lo que le importa es aprender a hacer intervención clínica.
Juan Pablo comenta que, hablando de su subjetividad docente, tiene miedo, porque cree muy posible que muchos trabajos no le gusten nada.
Se apaga la luz del pasillo y eso distrae a algunos compañeros. Ya son las 22 hs.
No se había dado ninguna bibliografía, algunos de los chicos le dicen a Juan Pablo que recomiende por mail y él nos dice lo mismo a nosotros.
Nos retiramos.

martes, 5 de octubre de 2010

Sonoridades con cuerpo

Sonoridades con cuerpo


“es tan fuerte el peso de la herencia mecánica,
la potencia y la inmensa presencia de sus
imágenes “claras y distintas” en nuestra vida cotidiana
 y en las prácticas profesionales,
que nos cuesta un inmenso esfuerzo de  pensamiento
buscar otras formas de comprender nuestra propia experiencia como cuerpos.”

Este escrito es una afección[1] de un encuentro múltiple donde nos proponemos acercarles un diálogo sobre la corporalidad del posicionamiento clínico, el cuerpo en la clínica, el clínico y su cuerpo.   

El dualismo Mente-Cuerpo se disemina en múltiples tentáculos en nuestras conversaciones: en las palabras que nos brotan, en las definiciones que nos hablan, en la dificultad de reflexión cuando queremos atravesar su fijeza cuidadosamente amansada… Sin embargo, pese al canto acunado de una modernidad que tantos pregonan agonizante, ciertas experiencias, vivencias, prácticas clínicas nos declaman nuevos caminos de pensamiento.
Incluso andando y serpenteando senderos insospechados, muchas veces a tientas, caemos una y otra vez en las dicotomías mecánicas; pero el desafío nos sigue interpelando en la necesariedad de un movimiento que engendre nuevas herramientas a los problemas que nos fundan.
Convocadas entonces por los mismos interrogantes, armonizamos cuerpo (una corporalidad de tres, si de discriminaciones cuantitativas se trata) en estas letras, en este preciso instante del mundo, donde el texto se gesta una y otra vez en tantos ojos que los leen y en esta corporalidad escribiente, que invita a otros a conectarse con nuevas cadencias, intentando despojarnos de las muletas obsoletas donde un cuerpo-sustancia se pretende ajeno a la capacitación del clínico.

Nuestros cuerpos discretos, ritualizados, individuados, marcados por las modas, por momentos olvidados, avergonzados, arrebatados, hiperexpresados en pantallas virtuales, anestesiados en los recintos del saber-“abstinente”, en la caricatura imposible del psi-insensible,  son confrontados por ciertas experiencias que nos alteran, mutando quizas en encuentros fugaces, el adiestrado cuerpo-sustancia en superficie conectiva, pasible de resonar y componer con otros cuerpos.

En la “experiencia”[2], se descubre la propia vulnerabilidad, aquello que una y otra vez escapa a nuestro saber,  alterándonos en sujeto pasional, receptivo, expuesto. La apertura al adiestramiento instrumental, habilita para el clínico la visibilidad de múltiples registros que perforan la lógica representacional.
Hablar por lo tanto del bagaje instrumental, de la caja de herramientas disponible para el hacer clínico nos implica desfasarnos de discusiones que desde este nudo del problema, carecen de sentido, tales como dispositivos individuales versus dispositivos grupales; clínica de la psicosis, clínica de niños, clínica de grupos, etc.
La disponibilidad instrumental del cuerpo-afección permite capturar los ínfimos haces por los que los cuerpos circulan, posibilitando el registro de las intensidades no significables y la potencia de un hacer no reductible a la palabra, quien obsoleta, tantas veces demuestra su impotencia, su límite palpable, su no-lugar.
Nos proponemos entonces, compartir un diálogo, una composición de problemas  a partir de los cuales repensar las viejas categorías y arriesgar una fuga de pensamiento sobre el cuerpo en el posicionamiento clínico, por considerar la experiencia en el cuerpo, insoslayable en un proceso de capacitación clínica.


Sobre lo escrito en el cuerpo

¿Qué caminos hemos tenido que desandar para trazar nuevas geografias? Algunos de las siguientes:
-          El psicólogo “no se involucra” con el paciente.
-          ¿Como se va a afectar el psicólogo si debe ser abstinente? ¿Como va a “sentir” el Psicólogo? No es ético.
-          El saber (textos, autores) nos darán la pericia para el posicionamiento clínico y el “timing” de la intervención.
-          Trabajar con el cuerpo debe implicar un saber especializado en técnicas psicodramáticas.

Que fundamentos se encuentran a la base de estos presupuestos:
Una conceptualización, una vivencia, una historia relatada y encarnada de unos cuerpos moldeados por dispositivos de saber-poder de la modernidad: El cuerpo cartesiano, res extensa en oposición e independencia de una sustancia pensante; y un pensamiento disociado y obstaculizado por los afectos; ellos reductos neutros que en ocasionales circunstancias establecen relaciones de comunicación o influencias mutuas. Hablaríamos básicamente del cuerpo anatómico individual coincidente con un “individuo”, la conjunción del atomismo y el dualismo cartesiano.

Recordando a Michel Foucault, el “cuerpo” disciplinario conlleva en sì la individualidad, sustancialidad, un lugar en el espacio, relaciones con otros cuerpos individuales, un saber sumativo sobre sus propiedades y características; normalización o estandarización de sus formas y manifestaciones. La misma producción disciplinaria, captura el cuerpo como Uno, asimilándolo a Un Sujeto, Una Subjetividad, conformando así, una célula indisociada, totalidad discreta, que invisibiliza sus diferencias, y potencias.

En tales distribuciones, el cuerpo del psicólogo está cuidadosamente disciplinado por categorías donde se promociona inalterable, imperturbable en la situación clínica y hasta un obstáculo a sortear. En ciertas circunstancias hasta escuchamos resonar frases como “ahí hay que poner el cuerpo”; y entonces nuevamente tintinean las categorías disciplinarias… ¿de qué cuerpo se trata en ese enunciado? ¿Podrá “ponerse” y “sacarse” el cuerpo de acuerdo a situaciones clínicas especificas? ¿Poner el cuerpo, será un acto garantizado por la voluntad expresa? ¿Su mera enunciación nos garantiza la disponibilidad de las herramientas acordes? ¿Poner el cuerpo, será un acto sacrificial y heroico?

En el tope necesario que las categorías estancas nos imponen, nos encontramos dialogando con cierta concepción, en donde las producciones de subjetividades no coinciden necesariamente con ese cuerpo Uno.

¿Donde esta el limite del cuerpo? Rápidamente en una evocación corporal podríamos coincidir que en una experiencia la dimensión cronometrada del tiempo se expande hasta hacerse absurda, la percepción de la epidermis como límite de un cierto cuerpo individual se vuelve mas versátil y la discriminación e individualización de esos otros cuerpos con los cuales se habita tal o cual situación se vuelve obsoleta; porque lo que allí circula y anima es un movimiento innombrable.  

            Entonces, la pregunta insiste ¿Qué es un cuerpo, dónde esta su limite? La respuesta desde Spinoza no se sitúa a nivel anatómico; sino a nivel de la Potencia. Los grados de potencia remiten a poderes de ser afectado, siendo los afectos las intensidades de la que un ser es capaz. Entre las pasiones Spinoza sitúa la alegría y la tristeza: mis afectos son tristes cuando mi potencia de actuar disminuye, la potencias potencia se sustraerán cuando están ocupadas en luchar contra la tristeza; al contrario los afectos son alegres la potencia de la cosa que los afecta y la vuestra se componen y adicionan, de esta manera la potencia de actuar se expande.
La potencia de actuar aumenta o disminuye según los afectos que se padezcan.  Un cuerpo entonces, puede componerse de muchos individuos de distinta naturaleza, los cuales están afectados de una infinidad de maneras. Un cuerpo se define por una cierta potencia de afectar y ser afectado y por una cierta relación de movimiento y reposo, por una potencia fundamental de existir y actuar.   

Entiéndase bien, afectar es producir alteración o mudanza en algo, una materia afectiva es aquella capaz de afectar y ser afectada; de manera que reducir la potencia del concepto al uso displicente de las palabras que nombran a los afectos, seria banalizarlo y desvirtuarlo al modo del talk show y el melodrama.

En estas conversaciones sobre la disponibilidad instrumental de la sensibilidad nos preguntamos qué concepciones y experiencias de cuerpo están siendo producidas en la subjetividad contemporánea  y qué de ello resulta un obstáculo para nuestra capacitación como clínicos.

¿Qué lugar tiene el cuerpo en la Universidad? Como materialidad pensemos nuestro cotidiano: pasillos atiborrados de cuerpo que chocan, se entrecruzan, se enredan y se indiscriminan con el exceso pujante de la contaminación visual. En las aulas los cuerpos se inmovilizan, acorralados en su pequeño territorio circunscripto por el pupitre. Como cuerpo pensado en la clínica, se reduce aún mas su visibilidad y con ello su disponibilidad, ya que para la formación el cuerpo bien podría ser prescindible para el dispositivo universitario… para la universidad bastan unos ojos lectores, una oreja disciplinada en la receptividad de lo que debe ser aprendido y una boca capaz de articular lo que debe ser dicho. 

¿Qué producciones de subjetividades contemporáneas asistimos, componemos y/o padecemos?

Situemos esta imagen: un millonario elige sus hijos por catálogo, y compra novias en un concurso de televisión.
Desde lo planteado por Franco Berardi a la hipersexualizacion contemporánea, corresponde una des-sensibilización creciente. El sexo es publicitado, etiquetado, catalogado, circula e impregna todo mensaje de difusión pública, se practica vía Internet, prolifera en discursos y prácticas cotidianas, se vuelve ritual que se despoja cada vez mas de la Sensibilidad; entendida como comprensión y participación en el sentir del otro, en el hacer con el otro una experiencia sensible… los matices de la experiencia placentera y los avatares perceptibles del sufrimiento se coagulan en el cuerpo individual, se digitalizan, codifican, se aíslan tras una epidermis adormecida.

Otra imagen: escaleras de la facultad, un cuerpo tropieza y se desploma escalones abajo en plena hora pico, en el embotellamiento se vuelve un obstáculo más a esquivar.
Con Roberto Esposito vislumbramos las producciones de supervivencia negativas,  donde en el afán de preservarse, el cuerpo se amuralla, instrumenta los mecanismos necesarios para la supervivencia situacional impermeabilizando su superficie, reduciendo la reciprocidad a un intercambio en cortocircuito con unos otros prescindibles para la experiencia.  Los despliegues inmuntarios producen cuerpos solos, porque la disponibilidad a hacer común requiere del necesario movimiento de la entrega del ser al otro, arriesgar sin garantías el ser como don, su potencia vital.
La producción inmune se resguarda de la percepción de la contingencia y en esa anestesia preventiva, sobrevive sin arriesgar, perdiéndose u opacándose imperceptiblemente. El cuerpo inmune restaura la Lógica de lo Uno al oponer el Individuo al común e invisibiliza el plano de las producciones colectivas; haciendo del cuerpo una propiedad individuada y rigidizada. 

La Mortificación desarrollada por Ulloa, como velo quejumbroso que impregna los espacios, un adormecimiento acostumbrado, una grisura que suprime la posibilidad de pensamiento de lo que sucede, que coarta la movilidad de la reflexión y las fisuras donde impulsar una alteración. En tal vivencia restrictiva el animo se opaca, rebuzna quejas proyectadas a otros espacios imaginarios y compone en el fastidio a unos “otros” siempre ausentes que escatiman soluciones prefabricadas. 


Cuerpos disciplinados, despliegues inmunitarios, producciones contemporáneas de des-sensibilización, mortificación expandida en climas emocionales grises, entretejen un cuerpo del clínico en la intemperie, desprovisto de su potencia y superficie vibrátil, ante la sola idea del encuentro clínico, lo invade la vivencia de la desolación.
Nos vivimos solos, urgidos de drenar el miedo en las terapias de cada cual, responsabilizando a las currículas de la formación, consultando enciclopedias letradas, buscando el texto que nos rescate del naufragio…

Podemos producir y habitar cuerpos preventivamente sustraídos, cuerpos reactivamente anestesiados o bien cuerpos-sustancia disciplinados; producciones positivas o bien modalidades defensivas de sustracción, de todas formas producen cuerpos reductos, que no solo ensordecen su potencia sino que nos deja inermes en los avatares y multidimensionalidad del encuentro clínico.   


Etica del cuerpo como instrumento en la clínica: asonancia, vibracion, instrumento.

¿Por qué tantos hablarían de la Abstinencia como prescripción metodológica, si no hubiera cuerpo allí en la situación clínica? Abstinencia no implica des-sensibilizarse.

Proponemos la necesaria alteración que permita devenir un cuerpo asonante en cuerpo vibrátil, para habilitar con ello una progresiva disponibilidad instrumental del cuerpo. Ésta supone una estructura de demora que permita servirnos de la afectación para intervenir en la situación.
Disponer el cuerpo en de la situación clínica implica sintonizar la reciprocidad y el juego cadencial entre resonar y no perderse en su captura; tolerar de modo versátil el flujo de afectos circundantes, que requiera dialogar con las herramientas disponibles y a su vez arriesgar la producción inmanente de herramientas o procedimientos de intervención imposibles de traspolar a situaciones otras.
Requiere entonces una cierta disponibilidad a la afección, a volverse superficie resonante, en exposición a la alteridad.

El cuerpo como “brújula” en su actualización ética, siguiendo a Suely Rolnik, compone una corporalidad que opera en función de los intereses de la vida y que conllevan en su ética el ejercicio de las potencias del cuerpo.  Dirá que la capacidad vibrátil[3] remite a los cuerpos capaces de afectarse, a la capacidad sensible de darle presencia, vida,  al otro en mi cuerpo, con un grado significativo de exposición a la alteridad que expanda la potencia vital. Y explica: “la vulnerabilidad, como potencia y no como debilidad, es lo que permite aprovechar lo que trae el otro,  es condición para que el otro pueda convertirse en presencia viva y no quede reducido a objeto. Ser vulnerable implica la activación de lo sensible.”[4]

Con el “Estar sensible” nos referimos a aquello definido por Susana Kesselman como “la capacidad de orientar la atención hacia las sensaciones que emergen, tanto al registro de formas, pesos, temperaturas, texturas, consistencias, direcciones, distancias, volúmenes, formas de hacer los movimientos, ritmos, como a sensibilidades sin nombre (por los bordes de las percepciones dominantes), de consciencia brumosa: intensidades, planos, flujos, movimientos de las vísceras. Estas sensibilidades apuntan a la preparación del territorio de experimentación y percepción, a una disposición a la fragilidad dada por la naturaleza de la sensación, a la no espera de resultados, a la no valoración crítica de lo que viene del cuerpo, a despertar la inquietud para la captación de lo pequeño.”[5]

Y entonces nuevas preguntas, ¿Qué puede un cuerpo? ¿Que ficciones disminuyen su potencia? ¿Que anudamientos contribuyen a estancar la corporalidad dinámica en un solo cuerpo-sustancial indisponible a la alteración, fijando e inmovilizando su potencia?
Estos interrogantes nos sitúan en el problema nunca acabado de la ética que funda nuestras prácticas; una ética que también desde este movimiento se sacude los vestigios de definición trascendente y multiuso, para componerse dinámicamente sobre las producciones de existencia.  


Lo Clínico mas allá del Dispositivo

Tal y como enunciáramos en la introducción, y ahora, tras haber compartido algunos avatares de nuestro pensamiento es que se hace mas clara la inoperancia de establecer el eje de la discusión en la cantidad de miembros de la situación clínica…
La disponibilidad del cuerpo no se define por dispositivos individuales o grupales, psicodramáticos, con psicosis, con niños, con adictos; del mismo modo que vuelve impotente la discusión sobre los saberes disciplinarios como garantes de destrezas para la intervención.
El cuerpo como instrumento clínico efectúa su potencia en la captura de un gesto, la receptividad de un matiz afectivo innombrable, la flexibilidad de tomar el gesto e instrumentar un procedimiento (conocido o inventado) y que en la posibilidad de la apertura habilite nuevas potencias.

Del mismo modo, consultorios con divanes, hospitales públicos, aulas de universidad no pueden pretenderse prácticas solitarias entre psicólogos y pacientes / estudiantes /actores institucionales que realizan un encargo de intervención. El psicólogo dialoga, naufraga, se enreda o incluso se asfixia, en prácticas institucionales, procedimientos de gestión, discursos de la institución de los que no puede pretenderse esterilizado, el cuerpo que se constituye en el ámbito de sus practicas se produce entonces en consonancia o disonancia con estos elementos insoslayables.

Es por ello que concidiendo con Denise Najmanovich no se trata de “disolver al individuo en una masa indiferenciada” sino capacitarnos en una corporalidad que conlleva un proceso continuo de individuación e intercambio, de autonomías ligadas, de arquitectura multidimensional. En esta búsqueda y composición ética, centrarnos en un cuerpo sustancia como inmutabilidad atómica ya nos queda escaso...

Es desde la interpelación de nuestras prácticas, de la necesariedad de componer otra vivencia y conceptualización del cuerpo, desde la cual proponemos el pasaje desde el cuerpo asonante, haciendo activa la vulnerabilidad y con ello la fragilidad de la superficie corporal, disponible a conectar y resonar con los múltiples elementos, significantes y a-significantes, y el necesario trabajo sobre la afectación que haga de ello un instrumento clínico. Por ello: de la asonancia a la vibratilidad, y de la vibratilidad al instrumento.
Habilitar la porosidad para lo múltiple y heterogéneo será un requisito indispensable para luego trabajar la disponibilidad instrumental del cuerpo como superficie vibrátil. Hacer cuerpo, componer corporalidad no es sin otros… porque es en los encuentros donde se efectúa la existencia.
 

Miriam Glaz, Maria Florencia Moratti Serrichio, Verónica Urbieta







[1] Romero Gustavo, Morar en el cuerpo de Spinoza: Apuntes para pensar y seguir errando.
[2] Larrosa, experiencia
[3] Suley Rolnik, Presentación del libro “Micro política”
[4] Glaz Miriam, Perdidos en Tokio.
[5] Kesselman Susana, en Cuaderno de campo 7

Crónica nº5

CRONICA 29/09/10
Por Gabriela
Comenzó la clase con una falta de atención generalizada, como que nos rehusábamos a empezar. Juan Pablo y Verónica nos llaman varias veces para que nos metamos en “situación”. Preguntan por primera vez quienes van a ser los cronistas, a lo que Alexis accede. Como seguimos cada uno en la suya Juan Pablo pregunta “¿Tendrá que ver con lo que pasó el sábado?” con la jornada, expresa que él sintió muchas cosas. En relaciona a esto trae a colación un comentario que estaba en la crónica pasada de Ornella y que aludía a que en la jornada nos íbamos a tocar y estaba bueno, de nuevo esperando alguna repercusión en nosotros (pero esta vez explicitándolo), preguntándonos si no nos asusta que alguien nos diga que nos vamos a tocar. Hay alguna repercusión a esto pero no logro recordar que fue lo que se dijo. Juan Pablo dice que hay crónicas, jornada, trabajo, ¿con que empezamos? ¿por dónde andan?. Hay un clima… raro (lo registré así). Se pregunta otra vez por los cronistas faltantes, que es ahí cuando me ofrezco (ya había empezado a cronicar, me pregunté después por que había hecho esto) ¿Quién más? pregunta Juan Pablo. Silencio. “No te dan bola Natalia” (ella había sugerido que busquemos los cronistas antes que siga transcurriendo la clase). Y Natalia dice no entender que cuando alguien hace una pregunta el resto se quede callado. “No tolero el silencio, me siento incómoda. Ahora no porque ya la hice” (refiriendo a la crónica y recordando que por eso fue la primera en ofrecerse para hacerla). Otra compañera (creo que fue Rocío) dice que es una experiencia copada, que no tenía tiempo ni ganas pero trató de hacerla el mismo día (que estaba cronicando). Se habla de lo que sentís y te acordás cuando haces la crónica. Mi postura fue que todos sabíamos que al inicio de la clase se tendrían que designar tres cronistas, era así una de las “pauta” de la cursada (creo que finalmente fue por eso que me ofrecí para hacer la crónica, no quería que me designe el azar) Lucas dice ni en pedo la hago, algún día tendré ganas y la haré y si no me van a obligar. Rocío expresa “vuelvo a decir que estaría bueno que ustedes hagan la crónica” y Juan pablo le contesta que ni en pedo va a hacer una crónica para que más de medio curso no haga, no va a ser de sostén ni de parche. Aludiendo a lo que pasaba en ese momento y por un comentario de Juan Pablo Lucas dice “¿a lo que acá sucede o acontece?”. Seguimos inundados de silencio lo que hace decir a Natalia “¡chicos por mi salud, por Dios!”. Verónica también expresa que es re aburrido y está deseando que alguien levante la mano. Alguien pregunta si es un obstáculo para seguir que no haya cronista, Ulises cree que el desafío es que la hagan los profes generando posturas compartidas y no tanto. En ese momento se designa a Romina como tercera cronista (por elección de un número, ¡perdón!)
Ivana comenta que pensó que iba a ser más fluida esta clase (aludiendo a la jornada que la mayoría habíamos vivenciado el sábado, cosa que yo también esperaba). Con respecto a la jornada dice haberse sentido como en un viaje de egresados, fue su sensación. Estaba feliz. Una compañera que no pudo asistir indaga sobre lo ocurrido ese día. Lucas expresa que es imposible explicarlo; Natalia que eran consignas más o menos iguales, lo sintió como de a dos o grupal (cada consigna). Ivana explica un poco más sobre los ejercicios de confianza, de cerrar los ojos… (Yo definiría a la jornada como un espacio que nos permitió ponernos en contacto con nuestro cuerpo y con los otros; haciéndonos vivenciar situaciones inesperadas, propias de la clínica y ofreciéndonos herramientas que nos permitieran pensar más allá de la palabra. Por otra parte fue un espacio distinto, de juego al que personalmente disfruté mucho) Lucas dice “nos tocamos con una chica, era genial” (jajaja). Marianela diciente y dice que “fue una fea sensación, lo estoy procesando. Me pregunta muchas cosas, capaz que le quiero poner un porqué y no tiene un porqué. Me sentí con esa obligación de que si yo no pasaba nadie pasaba y tenía que pasar yo”. A Diego le sorprende un poco esto porque estuvo en el mismo grupo que Marianela y dice que no se la vio incómoda. Para Ivana el clima era relajado, no obligaban a pasar a nadie. Otra compañera que estaba en el mismo grupo le pasó todo lo contrario, no se sintió obligada. Marianela cuenta que “necesita implicarse. Si no lo hago yo… mejor me callo. Me la voy a tener que bancar”. Ulises comenta que en el teórico hablaron de esto, “me fui con bronca, no quería participar. No se involucraban, si no les gusta váyanse”. Ivana dice que por ahí te miraban y te decían hablá vos, pero que ella no se sintió incómoda. Nuevamente Ulises interviene diciendo que le molesta que no se contribuya a la actividad, que se puede participar o no participar, pero que se puede aportar. Verónica refiriéndose Ulises y su silencio en la clase pasada le dice que se fue preguntándose el porqué de ese silencio, le parecía que él estaba verdaderamente ahí. Ulises expresa que el silencio es un mecanismo de defensa y que uno como psicólogo debe rastrear ese mecanismo; Juan Pablo aporta que Ulises se quedó en silencio pero estaba re caliente, no estaba desimplicado. Otra compañera comenta sobre la jornada que se fue pensando muchas cosas, que se relajó y no tenía registro del tiempo. Transitó situaciones movilizantes, y que hoy no porque quería comentar su experiencia, pero se ofreció para hacer una de las crónicas de la semana que viene.
Otra compañera contestándole a Ulises dice siente un tono agresivo en él desde la primer clase, que ella no habla y no por eso no quiere decir que no está implicada. Que por ahí no habla porque es así, pero que cree que en su trabajo se va a implicar. Ulises expresa que uno puede estar callado, pero si todos aportamos es mejor, en vez de que hablemos u opinemos cada uno afuera (de la cursada). Esta misma compañera le responde que ahora habla porque está en desacuerdo con él; y Ulises le responde que está compartiendo lo que no comparte, otra compañera dice que está compartiendo desde la diferencia. Se habla de lo que es la “enfermedad” a la que refirió Ulises en la primera clase, algunos dicen que choca esa palabra, se discute si es o no agresiva. Juan Pablo nota que Marianela en todo este embrollo se estaba riendo e indaga por el motivo, ella dice que es una defensa… “¡le dijo demente!” y estalla una risa generalizada (no se bien como venia la discusión pero alguien dijo vehemente y Marianela entendió demente) y Ulises retoma y dice que el miedo es ese, que te digan demente.
Juan Pablo volviendo a aquel tema de la enfermedad comenta que le pareció raro que nadie haya saltado esa vez, que esa postura no tiene nada que ver con la clínica. Cuando te dice algo el otro y te jode hay que decirlo. Verónica puntualiza dos cuestiones, una que tiene que ver con las condiciones que se dan ahora para responderle (yo interpreto como que hay más confianza, nos sentimos menos inhibidos); y otra con el estilo, que no tiene que ver con que me gusta o no como habla, sino con el estilo personal de intervenir. Se le pregunta a Ulises el porqué de su enojo con la gente y dice que era porque veía gente que se hacía cargo de la gente que callaba. Otra compañera dice que la clase de hoy gira en torno al silencio y que eso tiene algún efecto.
Ivana expresa en relación a la jornada que fue una sensación buena, con nosotros, los profes, distinto con lo que venimos. “Salir de ser el estudiante de ir, copiar, ni saludarte. Somos personas, tenemos cuerpo… nos conecta como humanos. Fue re humano ver que cada uno es una persona. Esa enfermedad dice Ulises, es como lo interpreto yo”. Natalia dice que notó el cambio no desde la jornada sino desde que decimos los nombres. Y proclama que los silencios son necesarios a veces (cuestión que pasó desapercibida). Otra compañera dice haberse quedado con la enfermedad, que escuchó a Ulises en el plenario (de la jornada) y le pareció que expresaba como un padecimiento, como que él traía algo que tenía que decir, a lo que Verónica disiente que sea solo la neurosis de Ulises. Por su parte Juan Pablo comenta que sería el chivo, que se escucha la enfermedad y se pierden otras cosas. Parecería que Ulises es una función más que una persona, él es el que dice cosas fuertes. Verónica dice por eso hablar de estilo. Su estilo, su forma.
Lucas trae a colación algo de los nombres. Menciona que Ulises dijo que no importaban los nombres, importa lo que acontece y le pregunta qué quiso decir. Otra compañera expresa que más que lo que acontece es el estilo de cada uno, que lo importante es lo que está pasando. En cuanto al estilo le parece que está bien, pero no sabe si con él participan o no participan. Ivana dice que nunca participo en clase y ahora no sabe lo que le pasa, por ahí es la materia. Juan Pablo comenta que el prejuicio del profe se fue. Ulloa decía pasaje del estilo personal al experiencial. Se da en un dispositivo como la comunidad clínica. Y trae un ejemplo: el estilo personal es respetable como estilo personal. Ahora en un dispositivo de capacitación tendría que afinarse para que el atravesamiento por la experiencia pueda afinar el estilo personal. Diego dice en relación a actuar en función de la experiencia, que no tuvimos mucha. Juan Pablo responde que hay alguno que hace eco de su experiencia y su estilo, ¿no notaron que Natalia dijo que era bueno el silencio? Y Natalia dice saber que cumple un rol (el silencio), que genera cosas.
Juan Pablo dice ¿se acuerdan que se habló de la incomodidad? Es una sobre exigencia enorme que cada uno crea que está sintiendo lo correcto. Qué hacer con la afectación que uno está sintiendo. No hay un psicólogo al que no le produzca nada, que no tenga afecciones (en relación a la abstinencia). Plantea que en ese sentido se pensó la jornada, que fue retocada. Produjo que cada uno se conecte con sus afectaciones. Tratar de ser un psicólogo que no le pasa nada con la palabra, el llanto del otro… no pasa nunca eso. Otra cosas es pensar la propias afectaciones corporales y de ahí intervenir. El psicólogo está afectado por el acontecer, por el cuerpo y tiene que pensar que hacer con eso… Pregunta ¿me fui a la mierda? Y una compañera le dice que no, que está buenísimo (creo que a la mayoría nos gusto escuchar esto y claro nos dejo pensando) Se trae aquella anécdota de una psicóloga que en vez de ver de que nodo ella podía alojar la angustia del paciente intentó ubicarla en la teoría. Se comportaba como una alumna y no como una clínica dice Juan Pablo, y nos invita a ubicarnos como clínicos, no como alumnos. Otra compañera dice que intenta tener empatía, soportar lo que dice el otro, y Verónica que todavía no sabemos de que se trata. Sujeto de la experiencia que no es el que prever. Es un sujeto pasional, como decían no puedo calcular o prever si me río, si me afecta. Comenta también que le enoja cuando alguien dice ahí le tuve que poner el cuerpo, como si no lo pusiéramos. Marianela reflexiona que recién en quinto año pasa esto, y dice que se le vienen muchas preguntas. Verónica hablando de la experiencia, dice que no hay que pensar que va a dar una respuesta como código. Por eso se aplica la idea de situación, cómo construir cada vez
Marianela comenta que no leímos las crónicas. Otra compañera expresa la molestia porque no seamos un círculo y que le guastaría que lo fuéramos, más que nada para vernos las caras. Si no quieren hablar, no hablen dice. Alguien más dice que le chocó leer su nombre en la crónica y Juan Pablo responde “antes no habías sentido que estabas ahí”. Melina comenta que a ella le gustó pero que estaba mal, es Melina no Melisa. Creo que fue Rocío quién retoma una frese que se dijo en la primer clase: si no tenés un buen grupo te terminas peleando. Y reflexiona que nosotros tenemos un buen grupo porque hoy dijimos varias cosas y no nos peleamos.
Juan Pablo pide que los blogueros o quien sepa que mande un mail o suba al blog instrucciones (de uso, como hacer para comentar en el blog, etc.) para quienes todavía no nos amigamos con la tecnología. Recomienda también un texto que está en relación con la vulnerabilidad y afectación del cuerpo y su pertinencia para la clínica, que lo van a subir al blog o mandar por mail.
Algunos se quedan con sus respectivos grupos organizándose para realizar el parcial domiciliario. Nos retiramos.

viernes, 1 de octubre de 2010

Crónica 5

Crónica núm. 5: 27-09-2010
Romina.

¿Por qué no nos copa la crónica? Después de pedir a los cronistas de la clase, se hizo un largo silencio, alguien se ofrece, más tarde otro y no había una 3ra. Mientras se esperaba que alguien más se sume a cronicar, parte del grupo opinaba las razones por los que, aun los que no habíamos cronicado, no lo hacíamos y había varias posiciones al respecto. Más tarde Juan Pablo pregunta si solo faltaba el cronista para comenzar la clase, no me acuerdo que se respondió, pero seguro fue un sí ya que decide sortear a alguien para que cronique. Me llama la atención que no nos haya dicho “¿Qué les parece?” ya que todo lo que se propone siempre se consulta al grupo.
Se sortea entonces la 3ra cronista y resulto ser la número 5. En ese momento empecé a escribir, pero algo no me había gustado, no lo dije, pero creo que esa fue la razón de no poder prestar tanta atención a la clase.
Al principio se notaba una cierta dispersión en todos nosotros, nadie decía de comenzar y varias veces la voz de Juan Pablo se perdió con el resto, podría decirse que de alguna manera se comienza a quebrar en la clase esa división tajante y jerárquica entre alumno- profesor, hecho que se empezó a construir en la primera clase.
Una compañera comenta que esperaba en esta clase fuese re copada, diciendo que en la clase anterior había notado que alguno de nosotros habíamos sonreído, y pudo ver que teníamos dientes.
Sale el tema del encuentro del sábado (yo pienso en lo feo que me estaba resultando hacer la crónica, sobre todo cuando no lo había elegido). Algunos compañeros cuentan que les había parecido la jornada y sale el tema “nos tocamos”, que ya había aparecido en la clase anterior, seguido por varias risas, algunas un poco tensas, otras risas más relajadas. Marianela (Mel me dice que así se llama) dice “para mí fue bastante fea, la improvisación no es lo mío (…) de verdad no fue tan bueno para mí, no sé porque, todo el mundo salió con una sonrisa, yo no”. A lo que Diego le responde “no se te vio así, se te vio participando, no pareció…”. Mel agrega “me sentí con la libertad de mirar, no me sentía obligada a participar”. Marianela retoma la palabra y creo que intentaba contestarle a Diego, pero no lo registro, solo escucho: “el día que esté como terapeuta voy a tener que bancarme los silencios, eso es lo que me empecé a replantear”.
Ulises empieza a hablar sobre las personas que no participan en una actividad, sintiéndose molesto por ello. Cuenta también una experiencia que vivió en el teórico.
Un compañero se levanta y se retira de la clase (¿Esteban?). Juan Pablo le pregunta si está todo bien, y él le dice que sí.
Después de lo que Ulises comenta que lamentablemente no pude registrar, alguien retoma el texto que plantea al choque como intento de encuentro. Y Marianela, tomando a Anzieu, comenta que el silencio de los participantes puede ser un mecanismo de defensa.
La situación en el aula me resulta difícil de registrar escucho varias voces a la vez, creo que no nos estamos escuchando, aunque entre las voces registro a Juan Pablo decirle a una compañera “me duele cuando escucho decir lo subjetivo de cada uno a esta altura pero bueno…”.
Siento que me resulta más fácil oír lo que pasa afuera de la clase que a los chicos, todavía me sigue molestando hacer la crónica cuando no levanté la mano para ello.
Una compañera le dice a Ulises que se puede no participar y sin embargo estar implicado, y le informa que él tiene un modo agresivo de decir las cosas. Ulises disiente con lo dicho porque en un grupo eso no tendría que pasar y creo comprender que quiere decir que en un grupo todos los presentes tendríamos que participar.
La compañera le dice que él cree que no participamos y lo explica porque estamos “enfermos”. Continúa una ardua discusión al respecto.
Al resultarme complicado registrar voces, me detengo a mirar: muchas risas, algunas carcajadas y cuchicheos en círculos más pequeños.

Vero, comenta que a ella le había resultado extraño que nadie había saltado en la primera clase cuando Ulises nos tildó de enfermos. Seguidamente, una compañera dice que son opiniones diferentes y que a ella no le molestó.
Para hablar del modo que Ulises tiene para decir las cosas, Vero comenta sobre el estilo personal que cada uno tiene para intervenir, y comenta que lo que Ulises hizo fue una intervención que tuvo sus efectos por lo que se ve.

Nuevamente Ulises habla y cuenta que la clase anterior se había ido enojado porque había gente que se hacía cargo de lo que el otro callaba, por eso él había decidido callarse.

Natalí, comenta que hace mucho que empezó a pensar que el silencio tiene sus efectos, y que de hecho hoy estábamos hablando de la gente que no hablaba. (Algo así creo que fue lo que dijo).

Natalia dice empezar a notar un cambio en el grupo a partir de decirnos los nombres.

Alguien retoma el tema de decir “enfermedad” (creo que fue Sabina).
Vero, comenta que no cree que se trate solo de la neurosis de Ulises. Juan Pablo la interrumpe y le dice que ella quiere decir que Ulises fue puesto en el lugar de chivo emisario, parece que cumple más el lugar de una función que de una persona.

Vero dice momento después que se había quedado pensando en la bronca con la que Ulises se había ido… como de lo raro que resultaba un estudiante de psicología con bronca… y ahora se lo piensa como una cuestión más de él, como que él la paso mal en la facultad y dice que ella también la pasó mal… por esa razón ella traía el tema del estilo, es algo que tiene que ver con él, por un lado su estilo y pensar por el otro el contenido de lo que dice.
Alguien más dice que hay diversidad en el estilo, y que ella no podía enojarse con alguien que hace algo diferente.

Juan Pablo dice “me gustaría retomar a Ulloa” (nadie tomó en cuenta eso). Se siguió hablando de lo que se venía hablando y creo que fue Juan pablo el que comentó del pasaje del estilo personal al experiencial.

En ese momento le aviso a Mel que estoy en cualquiera y no puedo anotar lo que hablan.

Se comienza a hablar de que todavía no se tiene en claro para qué sirve esta experiencia (creo haber oído a Carlos decir eso). En ese momento Vero trae y recomienda un texto de Larrosa donde se dice que las experiencias suelen no ser claras.

Juan pablo recuerda que la vez pasada se había hablado de la incomodidad… alguien dice que atacamos a Ulises como él nos atacó.

Juan pablo señala que debemos pensar en qué hacer con la afectación que estamos sintiendo, pero no podemos pensar si es correcto o no lo que estamos sintiendo, ahí nos vamos a la mierda… la jornada está pensada en ese sentido. Comenta estar feliz con cómo fue modificada porque produjo que varios se conecten con sus afectaciones. Tratar de ser un psicólogo al que no le pasa nada, en busca de ese ideal, puede llevar a esconder nuestras afectaciones y actuarlas. Otra cosa es registrarlas, tomarlas en cuenta e intervenir desde ahí.
Magdalena, recuerda lo que se había dicho en la primera clase sobre la psicóloga que buscaba el punto de angustia de su paciente y se había quedado mal por no haberlo identificado.

Juan pablo dice que no solo sirve registrar las cosas agradables, sino también las limitaciones.

Marianela se levanta para irse y expresa que hoy no se leyó la crónica. Rocío, dice que tampoco somos ya un círculo y que no puede verle la cara a la gente de atrás y propone volver a hacer uno, más que nada dice, porque permite vernos las caras.

Son las 22, se recomienda un texto donde una de las autoras es Vero, algo de sonoridades con cuerpo, no escuché bien el nombre.

Me permito decir, ya que hay que registrar nuestras afectaciones, que me fui un poco enojada porque no quería hacer la crónica, sabía que tenía que hacerla alguna vez pero esperaba poder decidir cuándo. Quizás tendría que haberlo dicho en el aula, pero no me salió. Además creo que deberemos pensar porque la crónica trae tantas resistencias para algunos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Sensaciones y Opiniones de la Jornada del Sábado

Como lo dice el título aquí se abre un espacio para opinar y comentar las sensaciones que surgieron a partir de la experiencia del día sábado en los diferentes grupos

Cuarta!

Por Ornella
Comienza la clase con un comentario nostálgico de Juan Pablo que hace alusión a una ronda que alguna vez se había formado. Luego seguimos con la asignación tediosa del cronista. Momento de silencio, en el que Verónica dice que no está siendo una propuesta que motive, que habría que venderla, y agrega: “¡Qué bueno que es hacer una crónica!” a lo que le responden “¡Hacela!”, propuesta a la que otro compañero se suma y propone que Verónica y Juan Pablo hagan una crónica. Juan Pablo responde, un tanto tenso, diciendo que podría ser pero que hoy no, o que si, pero que igual se iban a designar tres cronistas. Me propongo, avisando que no tenía ganas de hacerlo (actitud que se fue modificando a lo largo de la clase) y luego dos chicas más se suman.
Juan Pablo pregunta qué hacer, propone leer la crónica, pero una compañera dice que le gustaría hablar del parcial y la jornada, palabra que ante su mención despliega algo así como un “Ooohh…” y un barullo generalizado, situación graciosa o es que yo andaba risueña.  Plantea que el aviso del parcial la sorprendió, que es muy estructurado y muy pautado, con muchos requisitos. En relación a la jornada se comenta que es de 9 a 13, y dos compañeras presentan una situación con respecto al horario. Se plantean dudas acerca de en qué consiste, Verónica responde que es una jornada de experiencia grupal, pensando al cuerpo como una herramienta para el psicólogo. (Que así como suena me parece interesante, pero no sé si en la práctica lo va a ser tanto) Otra compañera pregunta ¿Es cierto que te hacen gatear? Lo que produce risas y Juan Pablo contesta que no va a obligar a nadie a gatear, pero que si, que hay quienes gatean. En relación a la jornada una compañera que ya había cursado, cuenta que ya fue a la experiencia. Y otra le insiste a que cuente, y lo que me quedó de lo que dijo fue que la cursada cambió después de la experiencia, cosa que me resultó interesante y me generó más expectativas sobre la jornada. La misma compañera insiste en saber algo más, a lo que Juan Pablo responde que el dispositivo es igual que en la cursada, que no hay nada pautado. Y otro agrega: “Nos vamos a tocar, está bueno”,  Juan Pablo repite esto al modo de un eco.
(¿Esperando alguna repercusión?)
Continuamos con el tema del parcial. Juan Pablo cuenta que hay que entregarlo en papel y por mail. Acuerda que tiene un montón de puntos, que es estructurado, ambicioso y que hay expectativas por su parte de leer los trabajos. Y cuenta que se basa en pensar clínicamente lo sucedido en clase, de esta experiencia. Alguien dice que resultó raro el parcial por la modalidad de la materia y de pronto un mail con unas consignas que piden márgenes, letra de tamaño específico, etc. Que merecía un comentario. Que llamó la atención. Se pregunta si hay otras sensaciones, y alguien agrega que está bueno porque habitualmente no tenemos pautas al momento de entregar formalmente un trabajo. (Con lo que no estoy de acuerdo) Se continúa con este tema, Verónica opina que hizo ruido en relación a como venía la cursada. A lo que Juan Pablo agrega: “Ah! entonces, ¿Era serio?” y concuerda con lo riguroso de las consignas. Se habla sobre que se generó como un contraste, y que todo esto evidentemente tiene un sentido, que hasta ahora veníamos a hablar boludeces. Que produjo impacto porque no se había hablado del tema y de repente cae un mail. También se agrega que el modo de presentación era esperable porque es un documento, que al ser la materia tan dinámica (o algo así) pareciera que no, pero que en fin tiene un trasfondo teórico. Alguien agrega que es complicado articular cualquier concepto. Porque todavía no termina de comprender, porque todavía está peleándose, en su cabeza, por uno de los tantos conceptos. Que si, que la subjetividad, la grupalidad, pero que el va a responder a partir de lo que el cree que es, (cuestión que me remite a algo que intenté buscar en ese momento en un texto que no recordaba cual era, y que no encontré), que no va a forzar ninguna relación. Y luego de la reiterativa idea de no lectura, Juan Pablo agrega que por suerte el parcial nos va a hacer leer, lo que va a permitir trabajar distinto en clase. Y acá dice estar perdido, propone leer la crónica. Verónica dice que se había remitido a la clase anterior (en algún momento que no registré porque estaba hablando) y que tenía ganas de leerla.
Comienza la lectura de una de las crónicas. Se interrumpe para preguntar a quien la escribió sobre lo que había llamado su atención. Se hace un comentario sobre el blog, algo que se había producido, en relación a grupo y agrupamiento, que no tiene mucha repercusión en el momento porque se mezcla con el tema de algunos que no podíamos hacer comentarios en el blog. Surge la idea de que hay alguien que sube cosas al mismo. Un compañero hace una pregunta: ¿Cómo te llamas “especialista en Ulloa”? y la especialista dice llamarse Marianela. Se continúa con la crónica, durante la cual hay gente que charla, gente que escucha, gente que asiente con ciertas frases. Se termina la lectura y se producen miradas (que registro por primera vez o miradas que miran por primera vez) y silencio. Se dice que las tres crónicas fueron muy distintas, y hay quienes dijeron no encontrar cosas diferentes. Una de las cronistas expresa su dificultad por registrar ciertas cosas por el hecho de no ver a quien hablaba.
Una compañera obliga a otro de los cronistas a leer lo que escribió. Comienza la lectura, momento en el que hay gente que escucha, gente que bosteza, gente que ríe con determinadas ideas, gente que charla, gente que asiente, gente que registra y gente que vaya a saber uno dónde se encuentra.
Se propone recordar los nombres para no estigmatizar, y chistes en relación a esto. Juan Pablo pregunta por ciertas caras que hubo mientras se leía la crónica. Y surge lo bueno de la crónica que suponía estados en nosotros, y una compañera agrega que le pasó que sentía que estaba en la crónica (me pareció un re buen efecto), que organizaba lo no-claro de la clase. Alguien expresa otra vez (a lo largo de la cursada) que por primera vez leyó antes de ir a clase. Que resulta llamativo que cada uno registre cosas distintas, que es genial, con lo que muchos acuerdan. Se retoma la pregunta sobre el aburrimiento. Surge el tema del goce, deseo y placer y de algo que no se volvía placentero, que no comprendí. Me perdí.
Se vuelve al tema de los nombres, y alguien propone ponernos cartelitos produciendo emoción en alguien cercano a mí y me da gracia. Se dice que es complicado, pero que sería necesario saber quién dijo qué cosa, porque si no se queda en el se dijo, se escuchó, son voces, son compañeros. También surge la idea de la dificultad de registrar todo. Juan Pablo interviene subrayando el surgimiento del interés por el nombre del otro, “antes nos chupaba un huevo”. Se dan opiniones respecto de registrar los nombres habitualmente o no. Aparece la idea de que cada uno se presente, hay quienes están de acuerdo y los que no, se hacen esperar para expresar su desacuerdo. A mí,  particularmente no me parecía, pero me resultaba interesante lo que ocurría. Surge la duda de ¿Qué decir en la presentación? ¿Cómo seria? ¿Qué habría que decir? Alguien propone barrio y colegio como en Feliz Domingo, risas pero no tantas, se estaba generando tensión con el tema. También se propone decir de dónde somos. Alguien preguntaría: ¿Por qué elegiste la carrera? Que desata quilombo con un ¡No! rotundo. Alguien dice que fue hace mucho tiempo, que es muy largo de explicar y que ya no tiene sentido, que ya no se recuerdan los motivos. Juan Pablo agrega que el venir a la facultad es elegir cada vez.
Habla entonces alguien en oposición a la idea de la presentación, dudando sobre el objetivo, si era para conocernos, si era terapia de grupo (fantasmita que a esta altura me pudre un poco) cuál seria el fin de la historia, si realmente es necesario, ¿qué cambiaria?, pregunta que torna interesante el momento y que me intriga cual sería su respuesta. Alguien dice que en definitiva en las crónicas solo se diferencia a Verónica y a Juan Pablo. También por la necesidad de saber con qué criterio cada uno habla, y se lleva la situación de no saber quien habla, al momento de mencionar a autores, que era necesaria la precisión. No era una cuestión de hacerse amigos, o sí. Surge también la idea de que en la crónica no tendrían que aparecer los nombres de quien habla, sino el acontecer (comparto, por lo que no puse nombres a quien hablaba, salvo los de Verónica y Juan Pablo). Hay quienes no están de acuerdo, porque dicen que se sentirían bien siendo nombrados en una crónica (o algo así). Alguien dice que hay gente que no conoce, que sostiene cursos, y como se nota en la oración, no comprendí. Juan Pablo toma a Riviere, quien supondría que en un grupo los integrantes tienen una mutua representación mental de sus miembros. Creo que dice algo así como que si uno no sabe quien dijo lo que dijo, ¿qué imagen puede formarse? Verónica dice algo en relación al ser nombrado. También alguien dice algo de señalarse entre ellos que no comprendí. Que es un recuerdo de las situaciones, quedan las caras, pero el nombre es importante. Surge el interés más allá de la crónica. Se propone que cada uno haga una pregunta al otro.
En ese momento se presenta Alexis. (Y me pregunto cómo todo llevó a esta situación que se parece más a un juego que torna la situación divertida) alguien le pregunta de donde es. Un compañero le dice a otro que quiere saber su nombre. Contesta Ulises y escucho un ¡Guaauu! que llama la atención de todos, ¿qué pasó? Risas y más risas. Otra compañera hace una enumeración un tanto rara de los nombres que recuerda, me da risa, parece un juego de memoria. Y aparece Juan Pablo cuestionando si tiene o no sentido, dirigiéndose hacia alguien por el nombre, pero equivocándose en el mismo. Y afirma entonces el sin sentido.
Una compañera dice que en relación al significado de grupo ella considera que no pensamos como grupo, que no se produce una opinión general (o algo así) que está cada uno con lo que opina, lo que cree sin intentar pensar en grupo (el “Yo creo” aparece de nuevo, lo que me hace buscar nuevamente la frase que había leído)
En el momento en que busco, me pierdo una secuencia en la que se interroga al cronista de la clase anterior, me pierdo una parte pero llego a escuchar que Juan Pablo le pregunta qué le paso mientras cronicaba, a lo que responde que nada, que estaba concentrado en registrar todo. No le creo, me parece que aun registrando uno sigue pensando y sintiendo los efectos de lo que los demás dicen. (Incluso capaz que más)
Un compañero habla sobre un texto, lo recomienda, que hace referencia a una película, que lamento no haber registrado.
Se habla de Lewkowicz y del concepto de situación, en donde una compañera dice que lo que interesa es poder habitarla, no interesan los nombres, que no le encuentra la finalidad a la presentación. Y alguien le contesta que es algo que está bueno, que no tiene una función con un fin, sólo para saber. Se toman los conceptos de acontecimiento, suceso y despliegue.
No sé en relación a qué, Juan Pablo dice que seríamos observadores, que no habría situación.
Alguien compara la presentación con lo sucedido con la formación de la ronda de la primera clase, que sus efectos fueron después, las miradas, el verse, y que podría pasar lo mismo con la presentación. Y otra expresa que presentándose y hablando de uno se cambia la función de la clase, aparece la idea (de nuevo) de que no íbamos a hablar de uno. Idea que no comparto. Otro opina que es para saber quién opina y no sé de qué manera alguien pide: ¡Respuestas! Se dice que sólo interesan los alumnos de quinto año, que la presentación pinta más a boludeo. Juan Pablo interroga si sería impertinente. Otra vez me perdí. Aparece la idea de que la presentación serviría para trabajar grupalmente.
Un compañero realiza una pregunta en relación a si es necesario que se produzca acontecimiento para que haya una situación nueva. Aparece la idea de orden cuestionada, como que no sería algo que se despliega. La pregunta hecha a Juan Pablo la redirige, aclarando que va a contestarla, para saber si comprendíamos y si nos lo preguntábamos. Da su opinión y al finalizar aclara que sólo puede decir eso, “más no sé”, actitud que me gustó.
Se habla sobre la pesadez de la facultad, si es posible en este contexto generar situación, (o algo así) que puede haber quien esté pensando en por qué comerse esta clase, y que sólo la conexión de puntos hacen la situación.
Juan Pablo le pregunta a una compañera por dónde anda, y ella responde que está dormida y ante la insistencia de quien preguntó, responde un tanto evasiva e impersonal que me dio la idea de un no estar.
Se habla sobre el acontecimiento. Alguien pregunta: ¿Cómo pasamos de la presentación a acontecimiento? Juan Pablo se sorprende que alguien haya dicho “el tema que íbamos a  hablar hoy” diciendo que en definitiva no hay temas predeterminados. Y agrega que nos perdemos en muchos momentos (me identifico y se ve en la crónica) que hay cosas que se pierden (o algo así) preguntándose si se debe a un clima rápido, muy cambiante, que también nos aburrimos cuando hablamos de los textos, que se hablan muchas cosas. Verónica retoma lo que una compañera dijo en relación a que no dice lo que piensa porque rápidamente lo que otro dice lleva para otro lado lo que se venía diciendo y que trata de entenderlo y que le lleva tiempo. Y la compañera dice que hacer un corte incomoda. A lo que Juan Pablo le dice: “¡Incomodá!”. Y Verónica trae a no sé que autor que dice que para pensar problemas hay que sostener la incomodidad. (Me pareció buenísimo) Juan Pablo retoma lo de la velocidad y en la nada que quedo la presentación, cosa que le parece curiosa.
Alguien comienza con la presentación nuevamente, y al no responder de nadie, dice no tener convocatoria.
Y esto que sigue solo a modo de recordatorio para la buena convivencia y por como se fueron relajando las cosas y cada uno puso de lo suyo, hablando de uno, incluso quien creía que no se debía hacer eso en clase: Es Natalí, no Natali ni Natalia; Sabina, no Sabrina ni como Joaquín; Marianela, que considera  importante ser y que sepamos que es de Brandsen; Ivana, la administradora del Blog; Rocío, la que diciente; Natalia, a la que se le apaga la tele y que escucha voces; Clara o Carla como alguien la re-bautizó. En este momento se retira un grupo de gente. Y continúan las presentaciones: Gabriela, quien al presentarse se siente más parte del grupo, con más identidad y dice algo en relación al padecimiento del anonimato (o eso entendí); Magdalena, la que tiene vergüenza al hablar (con quien me identifico) le genera ansiedad y se pone colorada (comentario que me generó mucha ternura); Ana, no Anabela, a quien le cuesta callarse cuando piensa algo; Cintia, a la que le cuesta hablar y se queda con las ganas de decir lo que piensa (situación que también me identifica), Carolina, no Ana como la nombran en la lista de asistencia. Momentos que merecían ser registrados, porque daban cuenta del relajamiento y confianza de parte del grupo.
Se habla del apellido en relación a que se conocen los apellidos pero no las caras, y que es muy impersonal. También se retoma el tema de como Juan Pablo toma asistencia, nombre primero, apellido después, lo que llamó la atención en el primer practico.
Silencio.
Juan Pablo en relación al posible olvido de todos los nombres, trae la cuestión que para existir para otro habría que hacer algo. (Que ahora que lo paso me remite a algo que Corea decía)
Una compañera cuenta en la situación que se encuentra habitualmente en relación a que siempre la ubican pero que ella no ubica.
Sin saber si alguien lo dijo o yo lo sentí, (aunque también las dos juntas pueden ser ciertas) tengo escrito en mi hoja: “Me siento cómoda aún en el silencio”
Surge el tema del grupo y de la idea de que uno tendría que dejar la identidad dentro de él, y algo en relación a, algo así como una crítica al grupo, que no tratamos de pensar en conjunto, no intentamos pensar todos juntos. Juan Pablo toma a Anzieu con respecto a ansiedades y la idea de que el grupo te va a comer.
Se recomienda bibliografía: 12 y 13 del bloque I y 4, 11,12 del bloque II.